Posted by : István Ojeda Bello jueves, 6 de octubre de 2016


Desempolvamos faroles, compramos velas, clavamos puertas, aseguramos ventanas, nos evacuamos… eso y mucho hicimos en Las Tunas para enfrentar a un huracán que finalmente no llegó, o no al menos con la fuerza anunciada. Tras la tensión por la espera se sucede la calma y viene la interrogante ¿Hicimos lo correcto? ¿No habrá sido demasiado el aspaviento?

Todavía en la mente de la mayoría están frescos los recuerdos de techos destrozados, cosechas arruinadas y vidas perdidas que dejaron Ike y Paloma en 2008. De hecho todavía miles de viviendas no han podido reconstruirse ocho años después y a esas familias la memoria los continuará compulsando a mantenerse alertas, pero ¿y los demás?

Los pocos daños de Mattew podrían adormecer la percepción del riesgo bajo el pretexto de que no ocurrió nada serio o que el “corre corre” fue en vano. Ese es el mayor peligro que nos deja este huracán: pensar que al final nos mantendremos a salvo y que por tanto no se requieren las medidas preventivas que en un número mayor vimos en esta ocasión.

“Pídele a Dios como si todo dependiera de él, pero haz como si todo dependiera de ti”, así decía una frase de una creyente fervorosa pero incansable en su labor cotidiana y que esta vez sería válido tener en cuenta.

Mattew trajo a colación la urgencia de repensar si desde el entorno hogareño estamos preparados. A última hora hubo quien se percató que no tenía un plan B para cocinar los alimentos o alumbrarse en casa si faltaba por mucho tiempo la electricidad.

Desde el punto de vista institucional habrá que evaluar la calidad de los ejercicios anuales Meteoro porque se tiene la impresión de que mucho de lo hecho ahora pudo haberse realizado con suficiente antelación. De buenas a primeras caímos en cuenta, por ejemplo, que las numerosas micropresas del sistema de la agricultura y el azúcar requieren de tanta o mayor atención que los grandes embalses pues llegado el momento pueden provocar inundaciones.

La naturaleza nos ha dando la oportunidad de que cada cual en casa, en el trabajo, estatal o no, examine si está listo para poner a salvo vidas y recursos materiales o qué pudo precaver y se vio precisado a improvisar ahora con la premura de un cielo ennegrecido y los partes de Rubiera marcando la urgencia del momento.

Esta vez tuvimos suerte, pero nada nos garantiza que la próxima será igual, así que es más inteligente estar preparados.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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