Posted by : István Ojeda Bello miércoles, 28 de septiembre de 2016



Cierta sorpresa causó la nominación de  Jeffrey DeLaurentis como el primer embajador de los Estados Unidos en Cuba después de 50 años. No porque él carezca de calificación para el puesto sino porque todo indicaba que en la Casa Blanca no estaban dispuestos a dar la batalla para lograrlo. Ahora no parece haber cambiado nada ¿o sí?
DeLaurentis tiene a su favor un currículum impresionante engrosado con sus varios períodos previos en La Habana como funcionario consular entre 1991 y 1993 y consejero político de 1999 a 2002. También ejerció en cargos vinculados al hemisferio occidental en el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional. Además representó a su país en las Naciones Unidas, Ginebra y Bogotá.

A mediados de año un sitio de referencia en Washington como lo es Politico comentaba citando a analistas que desde su rol actual como Jefe de Misión DeLaurentis, “puede hacer casi cualquier cosa como un embajador. Pero a medida que la relación entre los dos países evoluciona y se expande, no tener un embajador podría ser un obstáculo simbólico y diplomático en última instancia”.

En ese momento el senador Marco Rubio quien además es titular del subcomité de Relaciones Exteriores para Latinoamérica en la Cámara Alta del Congreso, reiteró su oposición a cualquier nombramiento futuro de un embajador en toda regla en Cuba.

¿Qué motivaciones puede haber tenido el Ejecutivo para dar un paso que todos consideraban que le traería más problemas que éxitos?

No es típico de los presidentes estadounidenses emprender batallas en el Congreso que sepan perdidas de antemano, a menos que una movida en el tablero tenga algún otro propósito. El nombramiento de DeLaurentis suena a algo así porque llega cuando Obama se enfoca en su legado y en apuntalar la candidatura de su correligionaria Hillary Clinton cuya campaña presidencial entró en la recta final.
Politico al informar sobre la nominación del graduado en la Escuela de Servicio Exterior Edmund A. Walsh de la Universidad de Georgetown, opinó que la decisión de Obama indicaría su disposición a tomar el riesgo justamente cuando el respaldo a su política de negociación con Cuba gana respaldo entre los congresistas de ambos partidos. Uno de los más prominentes y activos en ese sentido es Jeff Flake. Tras conocer la noticia el republicano por Arizona comentó desde su cuenta en twitter que “americanos viajando y haciendo negocios en Cuba serán mejor servidos mediante la confirmación de  DeLaurentis para servir como embajador”.
La Casa Blanca habría calculado que incluso si fracasara en su objetivo de que el Senado confirme el nombramiento, tendría razones suficientes para sentir que la jugada no fue en vano. En el pero de los escenarios no cambiaría nada. DeLauretis continuaría en un puesto que de hecho ostenta desde hace bastante rato pues cuando fue embestido como Jefe de laMisión estadounidense en La Habana en agosto de 2015, ya él era el titular de otrora Sección de Intereses desde 2014.
Además Obama habría mostrado su punto en la dirección de que es imprescindible un cambio con Cuba, desnudando al mismo tiempo la torpeza de los inmovilistas de la ultraderecha cubanoamericana, cuya postura de confrontación ya no goza siquiera del apoyo de la comunidad de origen cubano en EE.UU., tal como demostraron recientes encuestas.
Se sabe además que DeLaurentis es un claro partidario de la política de la Administración Obama hacia la Mayor de las Antillas tal como lo demostró en una reciente entrevista. En su plática con la revista Temas incluso dejó entrever que no le simpatiza mucho la actual política de pies secos y pies mojados, al confirmar que está en manos del ejecutivo ponerle fin. Aunque dejó claro que “la Ley de Ajuste Cubano sigue siendo una ley norteamericana en vigor, y la política de pies secos–pies mojados permanece como política norteamericana”. Es un diplomático de carrera altamente comprometido con la visión de esta rama de la clase política estadounidense convencida de que para lidiar con Cuba es preciso dar un giro al estado de cosas que primó en la era de los neoconservadores.
Subrayando eso con su nominación Obama estaría además contribuyendo a fortalecer la campaña de Hillary Clinton quien desde su etapa como Secretaria de Estado participó en la conformación de su estrategia del “compromiso” con Cuba.
Así las cosas desde la Oficina Oval parecen haber que calculado que progrese o no la nominación de Jeffrey DeLaurentis habrá razone suficientes vaticinar que serán más puntos ganados que las eventuales dificultades.

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Periodista cubano, apasionado por su país y el béisbol. Analista de temas nacionales e internacionales en el periódico 26 de Las Tunas. Escribo mis opiniones en mi blog Cubaizquierda.

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